Por Cárlos Méndez Paz (h)
Este artículo, para Nueva Era, se inscribe en torno de la próxima coronación de S.A.R. Guillermo Alejandro, Príncipe de Orange, como Rey de Holanda; en esta nota, se pretende señalar también el vínculo previo y político entre Doña Máxima Zorreguieta y la Casa Orange- Nassu; también se intenta exaltar, en estas líneas, a los compatriotas ilustres y destacados, que son nuestros embajadores sin cartera en el mundo. Estos referentes, tienen ganado además un lugar especial en el concierto de las naciones, por su dignidad, capacidad y forma de vida. 

Los argentinos destacados cubren, desde hace décadas, muchos espacios singulares; como la literatura, el arte, el derecho, la cultura (en general) y la ciencia (con dos premios Nóbel y muchos especialistas e intelectuales en puestos científicos y culturales, respectivamente). Todos ellos ofrecen, un ejemplo de vida, como ocurre con S. S. Francisco que impregna con su humildad y entrega un ejemplo a imitar, por tratarse de un gran referente. Mantener una investidura adecuadamente, es otro caso para destacar como ejemplo; así ocurre con S.A.R. la Princesa Máxima de los Países Bajos, Princesa de Orange- Nassú (según el protocolo). 

El deporte tiene también figuras destacadas como ocurre, entre otros, con Leonel Messí que deleita a multitudes con sus habilidades, para el agrado de su parcialidad o los amantes del balón pié y además es un ejemplo de sencillez y buenas costumbres, digno de imitar. 

La importancia de la formación hogareña y la educación, como dijo Erasmo de Rótterdam hace siglos, hacen en principio la diferencia; si se ensancha el espíritu o la  cultura, que es lo mismo, el hombre adquiere una dimensión superior. Otros argentinos, en cambio, desprestigian a sus compatriotas, a pesar de haber alcanzo un lugar de privilegio en el ámbito local o mundial; esta gente no está a la altura de sus efímeras circunstancias, se sienten pequeños dioses, soberbios y engreídos, cuyo legado estéril se asocia con la decadencia de una sociedad que se debate entre los gozos y las sombras. 

Antes de considerar el tema de este artículo, es conveniente señalar previamente que hay familias argentinas y  norteamericanas, por dar otro caso, que tienen vínculos con la realeza europea; en nuestro medio, ciertos personajes llegados en el siglo XVI, al llamado “Nuevo Mundo”, aportaron con sus linajes, entronques con la realeza europea. Así ocurrió con, por ejemplo, los Toledo Pimentel, los Suárez de Figueroa,  los Cabrera y, entre otros, los Melo Coutiño (descendientes del primer Capitán Donatario del Santo Espíritu, en el Brasil). La prole de esta gente pulula por distintos espacios de la República Argentina, con variada y disímil trayectoria; estos viejos criollos también abultan su itinerario histórico y genealógico con  abuelos indígenas.

Así ocurrió, por ejemplo, con un miembro de la familia Melo Coutiño que se estableció en el Río de la Plata en el siglo XVI; pues formó su hogar con una nieta mestiza y perulera (del Perù) del general extremeño Pedro Álvarez Holguín, muerto gloriosamente en nombre de su rey, en la Batalla de Chupas, durante las Guerras Civiles del Perú (1541-1548), como bien relato el Inca Gracilazo de la Vega, con su singular y florida pluma. 

Cabe señalar, al respecto, que dicha contienda ocurrió por las  Nuevas Leyes, que los reyes castellanos implementaron, en consideración a sus súbditos indígenas; pero, algunos encomenderos, dirigidos por los Pizarro no acataron dichas disposiciones, con lo cual se desato esta larga y sangrienta lucha entre conquistadores.    También, resulta interesante consignar, que los Presidentes Avellaneda, Roca, Uriburu y Quintana, descienden de indígenas; los primeros de Doña Mama Coya, una ilustre Inca mujer de Ruy Díaz de Castro, Fundador de La Serena (Chile) y los dos segundos de Doña Águeda, india guaraní, que en el caudillo Domingo Martínez de Irala procreó una larga y florida prole, que incluye además a Don José Antonio Primo de Rivera, el Fundador de la Falange Española, y el “Che” Guevara, entre otros.

El mestizaje en nuestra sociedad tiene larga data; bastaría mencionar a los “Mancebos de la Tierra”, fundadores de Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires, en el siglo XVI; sus descendientes prolongaron el viejo linaje de sus abuelos indígenas, hasta el presente. La prole de estos criollos se mezcló luego con los llamados “gringos”, llegados a estas generosas tierras en el siglo XIX y en la centuria siguiente, ampliando de esta forma la composición genética y cultural de nuestra sociedad. 

De esta forma se fue conformando una tipología genealógica mestiza y con algunos pocos antecedentes reales que desparrama su impronta genética y su antigüedad en nuestro medio y en otros espacios por el costado cognado o materno.  

En el siglo XVIII, también irrumpe en Buenos Aires, un capitán escoses, que trasmitió a sus descendientes sus vínculos con la realeza, ampliando de esta forma el cuadro mestizo y, por otra parte, de linajes relacionados con las familias de la realeza; este escoces era William Ross, hijo de Alexander Ross, 6° laird de Little Tarrel, y de Margater Munro (“Rossiana”). 

De este capitán descienden, entre otros personajes de nuestra historia, Doña Marìa Aurelia Ross y del Pozo Silva, casada con D. Francisco de Basavilbaso (hijo de D. Domingo de Basavilbaso, fundador del Correo y postas del Rìo de la Plata); de este connubio descienden El gobernador Ramos Mexìa, el Gral. Lavalle, el destacado hombre público  Dr. D. Eduardo Basavilbaso y, entre otros, el caudillo uruguayo D. Alberto Herrera (abuelo del Presidente Lacalle).  

Resulta interesante señalar, al respecto, que existe también un parentesco entre esta gente y el Gral. George Washigton, pues ellos descienden de los Holland. Se trata de una curiosidad que se vincula al Primer Presidente de los Estados Unidos del norte de América con este colectivo de la Amèrica del Sur. 

Cabe señalar que el Gral. Miguel de Azcuènaga y Basavilbaso, bisnieto de Don Domingo de Basavilbaso, emparenta políticamente con Washington, dado que era nieto de D. Manuel de Basavilbado, Caballero de Carlos III, y no de su tìo Francisco (casado con Da. Marìa Aurelia Ross).  

Expuestos estos cortos comentarios sobre los criollos y sus antepasados coronados e indígenas; es tiempo de hacer una ajustada composición sobre la Casa de Orange-Nassu y la familia Zorreguieta. Por un lado se puede exhumar que esta Casa reinante tiene características particulares; en primer término, se puede señalar su liberalidad matrimonial que, últimamente, se extendió a otros príncipes, si se tiene en cuenta los matrimonios morganáticos. 

Este término, alude al casamiento entre miembros de la realeza y la nobleza o con los hidalgos, que no pertenecen a una Casa reinante. Incluso se verifican matrimonios con gente del Estado Llano, como los matrimonios efectuados, entre otros, por los príncipes de Asturias y Gales. 

Hoy, casi todas las Casas reales de Europa, se inscriben dentro de esta tendencia; no existe, por un lado, el viejo vínculo con el ámbito sagrado ni con las antiguas responsabilidades; otros valores se impusieron a las investiduras, todo indica un desajuste en el capital simbólico de la realeza. Resulta interesante resaltar, entrando en tema, que Doña Máxima Zoreguieta combina sangre americana, italiana, española y francesa; para ser más precisos, entre sus dieciséis tatarabuelos, tiene 7 argentinos de origen español (uno de ellos vasco), 5 italianos (3 genoveses y 2 de Turín), 3 franceses (2 de ellos vascos) y 1 español, según Carlos Jáuregui Rueda (Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, 1998-1999). Esta liberalidad para la elección matrimonial, trajo aparejada la posibilidad de realizar entronques o parentesco (directo o colateral) con, por ejemplo, algunas familias de nuestro medio y en otras partes de América, como el caso de Washigton antes señalado; así ocurrió, con Francisco Halbach y su primo Arnoldo Halbach, ambos Cónsules del Reino de Prusia, en Buenos Aires y Filadelfia, respectivamente; esta responsabilidad evidencia el reconocimiento que tenía esta familia en su tierra natal. Se trata de un linaje dedicado a la siderurgia, desde el siglo XVI; el antepasado más remoto de esta familia fue Pedro Vormann Hallbach, señor de un fundo (1587) en  Remscheid (Renania). Dichos primos eran además comerciantes de herramientas en las ciudades de Buenos Aires y Filadelfia; pero, lo más importante, para este artículo, resulta ser que la actual Reina de Holanda, es desciende del mencionado Arnoldo Hallbach, Cónsul de Prusia en Filadelfia, casado con Juana Carolina Bohlen. Por su parte, su primo Francisco Hallbach, Cónsul de Prusia en Buenos Aires (como ya se dijo) formó su hogar con Da. Gregoria de Bolaños y Alagón y fueron antepasados de D. Pablo Hallbach Hallbach que casó con Da. Robustiana Bonorino Frías; esta señora, por su parte, era prima hermana de D. Esteban Bonorino y Lobo casado, a su vez, con Da. Máxima González Islas, bisabuelos de D. Jorge Horacio Zorreguieta, padre de S.A.R. La Princesa Máxima de los Países Bajos. Con este entronque, establecido por sifón, se expuso el parentesco político de Da. Máxima Zorreguieta y la Casa de Orange-Nassu; los detalles de este vínculo, fueron desarrollados por Don Ricardo W. Staudt, hace más de cincuenta años; esta conferencia la dictó en el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Entidad  de la que es vitalicio el autor de esta nota. 


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