Por Hugo E. Grimaldi (DyN) 
Como opositora de fuste al gobierno nacional y dueña de hacer cuanta crítica se le ocurra sobre Mauricio Macri y su gestión bajo los cánones de la democracia, la ex presidenta Cristina Fernández se explayó en Bruselas sobre los males que acarrean los gobiernos "de derecha" aunque, a la vez, acaba de pegar dos patinazos enormes derivados de su discurso frente a los parlamentarios europeos. Uno de ellos, referido a la eventual ignorancia de los argentinos, quienes parece que "no están capacitados para leer lo que pasa detrás de las noticias", cayó por su propio peso.

Como dueño del más fenomenal aparato de prensa del último medio siglo en la Argentina, el resultado de las últimas elecciones, adverso al kirchnerismo, demostró que la gente sí supo leer entre líneas, cuando dividió aguas entre periodismo y propaganda y votó en consecuencia. 

El segundo blooper de tan encendido discurso lo protagonizó CFK, aunque sin saber lo que le iba a deparar luego el destino. En un momento, sobre Macri dijo: "estamos ante una formidable estafa electoral. No hay argentino que pueda pararse frente a mí y mirarme a los ojos y decirme que si hubiese dicho todo (lo que iba a hacer) hubiera perdido por muchísimos puntos ese balotaje".

Hábil desde siempre a la hora de montar relatos, lo que Cristina dejó de lado a la hora de pensar su discurso fue que el otro contendor en esa final por la Presidencia, su candidato (es verdad que a regañadientes) Daniel Scioli, ya en tiempos del balotaje no tenía las mejores condiciones morales personales para llegar a la Casa Rosada. Justamente, el ex gobernador bonaerense es la comidilla del momento no por circunstancias inherentes a su vida personal, como alguno podría pensar, sino porque le mostró a sus votantes una esposa que no era su esposa, ya que por entonces él viajaba al exterior con otra pareja, aunque disfrazada de azafata.

Luego, la catadura del candidato del Frente para la Victoria también se puso en la picota, cuando trascendieron sus tuits con una tercera mujer en discordia, hasta que anoche mismo, habida cuenta que quiere ser otra vez candidato en una eventual interna del PJ, él trató de enderezar la historia por televisión con un tierno "voy a ser padre a los 60".

En ese momento, ni Cristina ni Scioli mismo conocían el final de la cuestión que estalló a través de las redes sociales un rato después para terminar de consumar la caída del castillo de naipes sobre el que estuvo instalada siempre la imagen de hombre sufrido y de perenne fe y esperanza. "Es verdad, estoy embarazada pero él me pidió que abortara", dijo la mujer.

Al respecto, en sus días como Presidenta, Cristina resistió lo más que pudo el embate del progresismo abortista y no se apartó de sus convicciones o quizás de la necesidad de agradar al papa Francisco. En tanto, se supone que Scioli cada vez que ha ido a Roma fue por profesión de fe y no por conseguir una fotografía con el Pontífice. Entonces, si de estafas se habla, bien valdría la pena recordar, tal como Cristina dice que se hubiera dado, que Scioli y sus falsedades estuvieron a décimas de llegar a la presidencia de la Nación. La gravedad de toda su mentira es lo que lo condena y no su vida privada.

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