Fumar no sólo es perjudicial para la propia salud, sino también para la de los demás. Es sabido que inhalar el humo del tabaco ajeno y estar en contacto con las sustancias tóxicas que se desprenden del cigarrillo y que quedan impregnadas en superficies y ambientes puede resultar dañino, pero poco se conoce sobre las consecuencias reales a las que está expuesto el llamado “fumador pasivo”.

“La contaminación del aire luego de encender un cigarrillo persiste en el ambiente durante mucho tiempo, entre 15 y 20 días”, manifestó a Vidal y Salud Hoy, Raúl Pitarque, titular de la Subsecretaría de Determinantes Sociales de la Salud y la Enfermedad Física, Mental y de las Adicciones en el ministerio de Salud provincial.

Por su parte, el neumonólogo Pablo Fescina explicó que “el humo del cigarrillo tiene más 4 mil químicos, 250 de los cuales son tóxicos y al menos 50 están vinculados con algún tipo de cáncer puntual”. El especialista, que es coordinador médico en Swiss Medical Group, dijo a Vida y Salud Hoy que “está demostrado desde el año de 2009 que esas toxinas que quedan impregnadas en el ambiente son tan tóxicas como el humo que inhala el fumador”.

Las sustancias tóxicas incluyen metales pesados, gases e incluso materiales radioactivos que pueden permanecer hasta dos semanas después de que se ha ventilado la habitación donde se estuvo fumando.

“Hay diferentes tipo de humo: el de primera mano, que es el que inhala el fumador, el de segunda mano que es el que inhala el fumador pasivo y el de tercera mano, que es el que queda impregnado en ambientes, ropa y superficies”, agregó Fescina.

Asimismo, Pitarque, que es especialista en cesación tabáquica, contó que las primeras legislaciones sobre los ambientes libres de humo se dieron “a partir de los juicios que iniciaron azafatas de aerolíneas estadounidenses que enfermaron cuando se permitía fumar en los aviones”.

“Los ambientes pequeños y cerrados son muy peligrosos en cuanto a la concentración del humo del tabaco. Hoy se recomienda no fumar en el interior de los autos por una cuestión de seguridad vial, pero no se tiene en cuenta las consecuencias tóxicas, sobre todo para los chicos”, agregó.

 

ENFERMEDADES

El humo de tabaco ajeno puede causar cáncer, acarrear severos problemas respiratorios, agravar cuadros de asma, ocasionar tos crónica, bronquitis, infecciones, neumonía y otitis. También aumenta el riesgo de padecer el síndrome de muerte súbita del lactante, que es la principal causa de muerte en el primer año de vida, y que está de por sí aumentado en el caso de que la madre fume durante el embarazo.

Pitarque señaló que si bien el peligro aún persiste en el hogar donde conviven fumadores, destacó que las legislaciones de los últimos años han ayudado a promover los lugares 100 por ciento libres de humo.

Incluso, una reciente encuesta realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires destacó que existe una mayor concientización acerca de la importancia de no fumar en lugares cerrados. Ante la pregunta sobre cómo actúa si en su casa alguien prende un cigarrillo, 8 de cada 10 (81,9 por ciento) manifestaron alguna reacción: el 61,4 por ciento respondió que lo invita a fumar afuera y el 20,5 por ciento le pide que se acerque a una ventana; sólo el 16,4 por ciento no dice nada.

“Argentina alcanzó grandes logros en los últimos años respecto a los ambientes libres de humo. Del año 2000 a esta parte, cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud), invitó a adherir a un convenio marco, proliferaron las legislaciones y ordenanzas al respecto. En 2011 finalmente se logró la ley nacional de control del tabaco”, recordó.

 

NIÑOS CON RIESGO MAYOR

Por su parte, la pediatra Natalia Escobar señaló que “los niños son los más perjudicados al estar en contacto con objetos que suelen poner en su boca y con superficies contaminadas cuando gatean o juegan en el piso”.

“Si los niños están expuestos al humo y/o partículas del cigarrillo, después de un cuadro viral (por ejemplo, la bronquiolitis) es muy probable que sigan sibilando, lo mismo ocurre con la gravedad en los cuadros de asma. Cada año, se evidencia un incremento aproximado del 5 por ciento en la cantidad de niños con asma y/o sibilancias y cuando indagamos, la mayoría de esos chicos conviven con uno o ambos padres fumadores”, explicó la especialista de Swiss Medical Group.

 A su vez, muchos niños que han sido expuestos al humo de segunda o tercera mano, durante la adolescencia podrían tener menor función pulmonar y se considera que la exposición al humo de segunda mano también podría relacionarse con la alteración en el comportamiento.



DESDE EL VIENTRE MATERNO


Escobar señaló que “los hijos de las mujeres que fuman durante el embarazo tienen cuatro veces más riesgo de padecer muerte súbita, y en el caso de aquellas que son fumadoras pasivas, el riesgo de muerte súbita del bebe aumenta al doble”.

Durante el embarazo, el tabaquismo pasivo puede ocasionar mayor riesgo de muerte fetal, bajo peso al nacer, anomalías congénitas y desarrollo de sibilancias y/o asma.

“El monóxido de carbono, la nicotina y otras sustancias tóxicas (mercurio, cadmio o plomo, entre otros) pasan al feto a través de la placenta, reducen la llegada de oxígeno, aceleran su ritmo cardíaco y alteran el crecimiento y el desarrollo normal de algunos órganos como los pulmones. También disminuyen la circulación de sangre por la placenta, recibiendo el feto menos nutrientes, alterando así el desarrollo cognitivo e inmunológico y aumentando la predisposición a enfermar”, finalizó la especialista.

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