Fanny Alarcón, nacida en el interior de Corrientes, bajo la crianza de sus tíos, siempre se sintió atraída por ver a la mujer arreglada y bella, la curiosidad por el cuidado del cabello y su mundo, despertó su interés por estudiar peluquería y hoy, ser peluquera, se convirtió en su pasión.

El envase es, a veces, un reflejo del contenido; los cortes de pelo tienen que ver con cómo nos ve el otro, el hombre moderno no queda al margen de esto, por eso los jefes suelen tener un tipo de peinado que dista de sus empleados. El hombre heterosexual se corta el pelo al estilo soldado, los homosexuales tienen una sensibilidad diferente a la hora de cortarse el pelo y le exigen más al profesional; si sos un obsesivo compulsivo te preocuparás de que el corte quede simétrico, si sos maníaco, dependiendo el estado del momento, buscarás las locuras en el corte, y así en cada caso. El concepto de belleza, afirmado en el hedonismo posmoderno, hizo que el hombre se interese más por su apariencia, pero quienes ocupan el podio a la hora de preocuparse y ocuparse de cómo luce el cabello, son las mujeres.

Dentro de los muchos temas en los que las mujeres sobresalen, no pueden quedar por fuera su estilo, porte, elegancia y sofisticación, que hacen que ellas se destaquen por donde quiera que pasen. Siempre transmitiendo un mensaje de belleza, estética y seducción.

Los tiempos han cambiado, antes, la mujer solo se arreglaba para su esposo y su familia, ahora lo hace para el mundo, porque está más expuesta al exterior, ocupa un lugar importante en la sociedad y empieza a tener recursos para invertir en ella, sin consultarle a nadie. Además, el mundo de la belleza se ha convertido en un punto importante en la sociedad de hoy.

Un poco de historia

El pelo fue visto desde hace miles de años como un potente elemento mágico o ceremonial, y todavía algunas de las llamadas culturas primitivas, base de la mayoría de los estudios sobre comportamiento social en la prehistoria, consideran que el alma de cada persona se encuentra en su cabello.

El carácter mágico-religioso del cabello propició que desde tiempos remotos su cuidado tuviera gran importancia en muchas sociedades. La elaboradísima cultura egipcia fue de las primeras en estimarlo un elemento fundamental de la belleza física y lo trataba ya con funciones estéticas, además de los usos sociales y religiosos. Pelucas y tintes son inventos pertenecientes a la cultura de las pirámides, y es a ellos a quienes se debe la utilidad de la "henna" en coloración capilar, planta usada aún para obtener tonos rojizos y caobas.

Los griegos convirtieron el culto a la belleza en uno de los pilares de su cultura. Los peinados que triunfaron en sus días, eran extremadamente elaborados y llenos de detalles.

Si nos remontamos al diccionario y buscamos la definición de peluquería, podemos encontrar lo siguiente: "es el establecimiento al cual las personas asisten para cortar o dar cierto estilo a su pelo. En este lugar se pueden realizar diferentes tratamientos capilares que, en su mayoría, tienen que ver con el embellecimiento del pelo y con la restauración de su fortaleza. Hay diferentes tipos de peluquerías, si bien algunas reciben a todo tipo de clientes, muchas otras se especializan en cortes para mujeres, hombres o niños. El nombre de peluquería es sinónimo de salón de belleza"

Pero para Fanny, la definición de peluquería es más amplia, para ella, ser peluquera es una pasión, es ocuparse del otro, hacerlo sentir bien, no solo en su aspecto físico sino emocional, porque como bien dijimos anteriormente, el reflejo del alma se exterioriza a través del cuerpo y sobre todo del cabello. "El cabello tiene un papel protagónico, es el marco de una mujer con capacidad de reinventarse, mucha gente viene a la peluquería como forma de mimarse".
"Estoy orgullosa de ser peluquera, lo vivo todos los días con entusiasmo, para mí no es un trabajo, cuando cruzo la puerta del local, se me ilumina el corazón, porque cada corte, lo hago con amor".

Ella es una mujer sencilla de grandes valores, con una notable pasión por la peluquería, se levanta todos los días y sale al salón con una gran sonrisa para atender a sus clientes, mujeres, hombres y chicos.

Perdió a su mamá a los 6 años, se crió con sus tíos y su prima, Albina, a quien adopto como su hermana mayor, su referente. Su infancia, bajo el cuidado de su mamá fue el de una nena muy feliz, malcriada, mimada, hija única y cuando se fue a vivir con sus tíos, fue un cambio muy significativo para ella.

Sus tíos eran personas mayores, con cierta rigidez en su educación, un estilo de vida muy diferente a la que estaba acostumbrada, siendo muy chica, tuvo que amoldarse a su nueva familia, un aprendizaje difícil y rebelde, "cuando fui adolescente, mis tíos me exigían ir al colegio y yo no quería saber nada, buscaba cualquier excusa para no hacer el secundario y empecé a hacer un curso de corte y confección, donde pegado a este, había un salón de peluquería y me quedaba horas mirando como cortaban el pelo en vez de ponerme a cortar tela"
A los 16 años comenzó el curso de peluquería y se recibió a los 18, con el título profesional en mano, se dio cuenta que terminar el secundario era importante, "porque siendo peluquera y teniendo el título de secundario, podía dar clases y ahí recordé lo que mis tíos me decían una y otra vez, que sea como sea, terminara el colegio".

Se anotó en un secundario nocturno y se encontró con mucha gente distinta, esta experiencia la motivó mucho, sus compañeros ya no eran chicos, sino que la mayoría eran adultos con obligaciones, madres con hijos y personas que para poder obtener su primer trabajo debían primero, obtener el título, "yo miraba a mi alrededor y veía una señora adulta con hijos, haciendo el esfuerzo de terminar el colegio y eso me inspiró a seguir adelante, terminar el secundario y así dejar contentos a mis tíos, pero sobre todo, era mi pase para poder dar clases de peluquería, en algún momento".

Con el título de secundario y el de peluquería en la mano, agarró el diario y se dispuso a buscar trabajo, no tardó en encontrar una peluquería para niños "la dueña tenía un jardín de infantes y abrió una peluquería como inversión, pero ella y su marido, no sabían nada de pelos y cortes y querían a una persona que haga un turno completo y se ocupe del manejo del local y de sus clientes".

Estar a cargo del local, implica aprender mucho del mundo de los chicos, como entretenerlos, como hacer que se queden quietos a la hora de cortarles el pelo y sobre todo de llenarlos de globos, caramelos y juegos. "Esta experiencia era doblemente gratificante, porque me enseñó a ejercer el oficio, porque con los chicos no se los puede sentar directamente, sino, que hay que ir induciéndolos con los juegos, pero lo mejor que me dejó, es saber cómo administrar y llevar un local adelante, porque todo lo hacía yo".

Lamentablemente por cuestiones personales, el local cerró y nuevamente Fanny se pone en búsqueda de un nuevo trabajo, ya con experiencia a cuesta, consigue en una peluquería para adultos, pero esta vez, de la mano de un dueño peluquero; " trabaje durante seis años, cortes unisex, con el aprendí muchas cosas que el estudio no te enseña, sobre todo y lo más importante el trato a la gente, para trabajar en un salón donde atendés a un cliente tras otro y  resolvés cada cabeza, tenés que ser rápida, hacer colores, cortes, peinados y poder dejar a todos conformes, todo eso, solo se aprende trabajando, se aprende de los errores y de la mano de un buen profesional".

El trabajo en equipo tiene sus frutos, cada vez más personas se acercan a la peluquería y la demanda de trabajo crece, pero Fanny, está feliz, su atención para con los clientes es amable, predispuesta y con una gran sonrisa, escucha los cortes y peinados de ellos, "para mí lo más importante es que la gente se sienta bien, se mire al espejo y se le ilumine el rostro, si un corte o peinado no es apto para el cliente, yo se los digo, priorizo eso sobre el dinero". Esto empezó a marcar una distancia con el dueño, "él era más comercial que yo, se fijaba que el cliente pague, más allá si le quedaba bien o mal el corte y eso era algo que yo no podía hacer, para mí, primero está el otro y su bienestar y me propuse algún día ser dueña de mi peluquería y así no tener que responder a otros y priorizar mis valores".

Al tiempo, nace su hijo Gonzalo, ya la demanda de horas es cada vez más exigente y decide dejar el trabajo, abocarse a ser mamá y poder cumplir su sueño de tener su propia peluquería y así repartir su tiempo entre ser peluquera y madre.

Colgamos el cartel: "Fanny Peluquería" 
Armo el living de su casa como su "salón de peluquería", con mucho entusiasmo lo decoro, le puso afiches de cortes de pelo en las paredes, puso revistas para que la gente lea, mientras espera, juegos para los chicos, pero sobre todo, le puso mucho amor y así, durante tres años llevo su peluquería adelante con la ayuda de su marido, luego se separó y fiel a su estilo de no bajar los brazos y auto superarse, tomo el timón del barco sola, durante siete años más para mantener a su hijo y su peluquería a flote. "Por más que tuviera que sacrificarme para poder llevar mi casa adelante y darle lo mejor a mi hijo, para mí, la peluquería siempre fue un placer, nunca lo sentí como un trabajo".

Pero la vida, te da y te quita… es un aprendizaje continuo, una búsqueda de equilibrio, en uno de los mejores momentos de su vida, recibe una noticia que la devasta "Albina, había tenido un accidente de motos y falleció, tenía 45 años, estaba casada y con cinco hijos, "era una tragedia terrible para mí, ella era muy importante, cada momento de mi vida, bueno o malo, ella era mi sostén y ya no estaba… pero a pesar de todo eso, me dio fuerzas para seguir adelante porque sabía que sus hijos me necesitaban e incluso, tenía que apuntalar a su marido, porque había quedado paralizado, sin saber que hacer o como seguir".

Con Albina, Fanny tenía un vínculo muy cercano, como si fuera su madre, un apoyo incondicional, frente al rezongo y rigidez de sus tíos, unos tíos con mandatos rígidos, sin saber cómo vincularse con una adolescente, nada cariñosos… Albina fue su referente de cariño. Una forma de devolverle todo lo recibido, era haciéndose cargo de su familia, era el turno de ella de dar apoyo y contención, se puso la familia al hombro, su hijo y su peluquería y siguió remando más que nunca.

Un día, se da cuenta que está viviendo la vida de Albina y no la suya y recurre a terapia y entiende que debe volver a ocuparse nuevamente de su vida,  de sus sueños, de su peluquería y de su hijo, ya la familia de Albina era responsabilidad del marido. "Uno cuando hace algo, no lo hace para recibir nada a cambio, pero se te agranda el corazón, al recibir un mensaje de agradecimiento y cariño, como el que un día recibí de los hijos de Albina… entonces uno dice: algo bueno habré hecho".

1266 km… de Corrientes a Tandil
En Corrientes conoció un nuevo amor, un tandilense viajero, que iba y venía, donde al tiempo comenzó una relación a distancia, hasta que se enfrentó a la disputa entre vivir en Corrientes o Tandil, pero dado que su trabajo era independiente y ella podía mudar su peluquería a cualquier parte, decidieron mudarse a las sierras, no sin antes, conocer la ciudad y la aprobación de su hijo.
Viajes de por medio y sin el impedimento del papá de Gonzalo, ya con 10 años,  deciden mudarse, con los miedos e incertidumbres que conlleva instalarse en una ciudad nueva, pero con la certeza y la tranquilidad de que "Fanny Peluquería" seria puesta en marcha, apenas se instalen.

La ciudad, no tardo en seducir a Fanny y a Gonzalo, "averiguamos escuelas e iglesias, para que él pueda tomar la primera comunión y no dejar pendiente las actividades que hacía en Corrientes y continuarlas acá… era volver a empezar, acostumbrarme a un nuevo barrio, generar nuevos clientes y esperar para salir al salón, todo eso me daba un poco de miedo, pero por otro lado estaba entusiasmada".

Instalados en el barrio Falucho XXII, con la vivienda a medio construir y terminando detalles para la apertura de su nuevo local, Fanny, tenía todas las expectativas y ansiedades para conquistar a sus nuevos clientes y convertirse en la "peluquera del barrio".

Hoy lleva 10 años en la ciudad, con Gonzalo de 20 e Ignacio de 7 años, junto con su marido Mario, viviendo una vida familiar, gustosa de su barrio y de su clientela, mira hacia atrás y ve todo lo logrado y le alcanza y le sobra, es feliz en Tandil, viviendo de y por la peluquería y su gente.

¿Salón de belleza o terapia de grupo?
La transición que sufrió la peluquería con el paso del tiempo, ha marcado a las mujeres con estilos únicos y característicos por décadas y confiesa que hay leyendas, que son verdades… como que la peluquería no solo es un espacio de belleza, sino lugar de confesiones secretas. La estética es una de las excusas para ir a la peluquería, pero dista de ser el único motivo, los salones de belleza son un espacio de tertulias y distensión, la catarsis a la hora de ir a la peluquería, es una marca registrada de mujeres!.

El sonido apabullante de los secadores se confunde con las voces susurrantes de los clientes. La regla es que no paren de hablar. Cuando no se conocen las conversaciones comienzan con las clásicas reflexiones sobre el estado del tiempo; los hombres prefieren hablar de fútbol, y poco de política para no crear rispideces. Las mujeres, distendidas, comparten secretos e intimidades. "Ellas encuentran en la peluquería un espacio para contar lo que no se animan en otros lados, es como hacer terapia".

Pero el peluquero también es humano y trae consigo una carga emocional. En ese momento la premisa es clara: los problemas personales deben quedar fuera de la peluquería. A veces se logra y otras no… y el peluquero también cae en desahogos y confesiones íntimas!.

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